La docente Mónica Cruz fue reconocida por el gobernador Juan Manzur en la Apertura de Sesiones

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La docente Mónica Cruz fue reconocida por el gobernador Juan Manzur en la Apertura de Sesiones

Mónica Cruz, eligió el Magisterio como profesión, como forma de vida y eso se le nota en el brillo de los ojos, en el tono de la voz. Miembro de una familia constituida por su madre, sus dos hermanos y su hermana, a sus 47 años, desarrolla su actividad docente como maestra de la Modalidad de Educación Domiciliaria y Hospitalaria del Ministerio de Educación. El gobernador Juan Manzur eligió su historia de vida para reconocerla en el inicio de las sesiones ordinarias de la Honorable Legislatura de Tucumán.

El hecho de ser una representante de los miles de docentes del sistema educativo no es casualidad para quien enseñó como maestra de grado, se desempeña como maestra Hospitalaria y sueña con compartir aulas en la educación de adultos. Vidas multifacéticas si las hay, además de amar las huertas, es tallerista de un Centro de Actividades Infantiles y una aplicada estudiante de medicina, tanto que está a pocas materias de recibirse como Médica por la Universidad Nacional de Tucumán.

“El magisterio es una carera que me apasionó siempre. El objetivo de mi vida siempre fue ayudar a los otros. Pido a Dios llegar a mis metas que es lo que más quiero. Fui maestra de apoyo, de grado. Dios me dio la oportunidad de atender a los niños en el hospital y siento que el niño enfermo tiene los mismos derechos que el que está en la escuela”, dice Mónica. Son poco más de las seis de la tarde, todavía está con ropa de trabajo: un guardapolvo verde que da cuenta que su jornada escolar acaba de terminar.

“Tuve la posibilidad de ingresar a la modalidad Hospitalaria y me encantó. Me preguntaron si podía enseñar a un niño en El Cadillal y me gustó muchísimo la propuesta. En la galería de su casa hice un aula con cartelera y todo. El Día del Niño llevé juegos, cosas dulces. Las clases comenzaban a las 14 y terminaban a las 18. Como el niño estaba triste todavía, llamé a todos sus vecinos para que cuando llegue, hagamos el aula. Su mamá también participaba con las carteleras. Todos los días teníamos cinco o seis alumnos: su hermanito de jardín, dos de tercero y uno de quinto. Entonces preparábamos una mesa grande y hacíamos talleres de lectura y otras actividades”, agrega. Para Mónica su lista de experiencias es interminable y una más valiosa que la otra: “Trabajé también en la Fundación de la Hemofilia con un paciente que no sabía ni leer ni escribir. Le enseñé a leer y a escribir, a su mamá le llamó la atención el vínculo que hicimos. El volvió a su escuela de origen, aprobó tres de cuatro materias. Me apasiona enseñar”.

El compromiso, la vocación por la tarea que realiza, la responsabilidad y el amor son cosas que la caracterizan y que reconocen sus colegas. Estudiar y trabajar no es tarea fácil, sin embargo con fuerza de voluntad nada es imposible. Los días que no trabaja por la mañana, Mónica asiste a la facultad y apunta las clases en pequeñas libretas capaces de ser guardadas en un bolso. Los tiempos libres y los viajes en colectivo de ida y vuelta al trabajo, son los momentos perfectos para estudiar y que esos anotadores vean la luz.  “Me interesa que el alumno aprenda, estudie y está en nosotros que busquemos estrategias innovadoras que al niño le gusten”, finaliza.