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Gustavo Luján: el Ingeniero promotor de la literatura de huellas digitales

A los treinta y pico que aparenta físicamente, Gustavo Luján, todavía mantiene en su interior el lector adolescente que supo ser. Es Ingeniero Químico de profesión y de lunes a viernes trabaja en una empresa de venta de productos químicos, pero desde hace un tiempo trabaja en el CAJ de la Escuela Emilio Castelar, donde cada sábado desarrolla su taller de literatura. Junto a los estudiantes que asisten ya sacó dos libros de poesía.
“De lunes a viernes trabajo en una empresa de productos químicos donde negociaciones todo el tiempo. Incluso el lenguaje es una negociación constante, la poesía también, la instancia de los chicos nunca está pensada en el lector, sino en algo de ellos. La coordinadora me convoca por mi perfil lector y también porque la biblioteca de la escuela estaba cerrada los sábados y yo tenía muchos libros que podían usarse, además, yo estaba con algunas experiencias de educación colectiva y de educación popular”, comentó.
En ese mismo sentido agregó: “Nosotros tenemos que entender que la literatura es como el pan, para compartir y que la literatura debe ser de huellas digitales: hablar un poco de nosotros y no tan solo de quien nos precedió en la poesía sino también de empezar a crear nuestro propio camino. Yo nací y crecí en una casa con muchos libros, los vi a mi papá y a mi mamá leer, tengo naturalizado el hábito de la lectura, pero en otras casas no. De pronto que haya un enfoque nuevo, desde lo no formal de la lectura, hace que los pibes se animen a navegar esos libros. Esos libros van a las casas, hay libros que te lo traen al otro sábado y te dicen no me enganchó, pero a veces te dicen te lo voy a traer en 15 días porque lo está leyendo mi mamá o mi papá, y debería ser una obligación de la escuela acercarse a las casas mediante los libros”.
Pero para Gustavo acercar a los adolescentes a la lectura no fue una tarea fácil. Mediante el teatro los chicos se sacaron ciertos miedos y se acercaron a los libros. “Parece que la ciencia está alejada de la literatura en cierta forma, pero la ciencia tiene más poesía de la que uno se imagina, tiene que ver con los discursos que uno va empleando. Tiene muchos elementos con potencia, si te ponés a ver los elementos de la tabla periódica, nombrar la plata argentum, el cobre cuprum, tiene cierta belleza, con la musicalidad de las palabras pasa lo mismo. La ciencia tiene postulados muy bonitos”, comentó.

 

“La educación formal nos encorseta en disciplinas, se dice que si haces ciencia no podés hacer literatura, en nuestros CAJ la idea es romper esas fronteras. Yo soy un hombre que durante la adolescencia transitó un taller literario de una poeta muy importante de La Rioja, la educación no formal se despega cuando explota los límites de las disciplinas, entonces ahora estoy repitiendo ciertas instancias de vinculación con los libros desde lo físico hasta lo subjetivo y principalmente soy lector. Cuando enfrentas a un pibe a un libro está tu rol de animador de lectura. No hay que hacer procesos forzados. Los pibes tienen mucho más para decir que lo que pensamos los adultos”, culminó.

 

Foto: CAJ